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A la sombra del volcán: 135 años del impecable Ron Flor de Caña

En el impecable club de empresas que han sobrevivido más de un siglo —menos de 45 por cada millón—, hay una que lo ha hecho sin perder apellido ni brújula. Flor de Caña, nacida en Nicaragua en 1890 y administrada por cinco generaciones de la misma familia, no solo ha resistido el paso del tiempo: lo ha destilado, gota a gota, hasta convertirlo en su materia prima.

Todo empezó quince años antes de la fundación oficial, cuando Alfredo Francisco Pellas Canessa, joven genovés con capacidad de liderar cualquier aventura, cruzó el Atlántico durante la Fiebre del Oro. Invirtió en una ruta de barcos de vapor que atravesaba Nicaragua, más corta y segura que el rodeo por el Cabo de Hornos. El negocio prosperó hasta que el Canal de Panamá y el ferrocarril estadounidense hicieron innecesario su corredor acuático. Fue entonces cuando Pellas, seducido por la fertilidad oscura a los pies del volcán San Cristóbal, decidió cambiar el rumbo: un ingenio, una destilería, y una idea fija de calidad que sobreviviría huracanes, terremotos, erupciones, incendios y hasta un accidente aéreo.

Desde entonces, Flor de Caña ha desarrollado un añejamiento natural que es sello: ron reposado en barricas de bourbon, sin aditivos, azúcar ni atajos químicos. El clima volcánico hace el resto, impregnando los toneles de una calidez mineral que moldea la suavidad de cada botella. Ese compromiso —y la paciencia que lo sostiene— les ha valido más de 200 premios internacionales, entre ellos el de Mejor Productor de Ron del Mundo en la International Wine and Spirit Competition de Reino Unido.

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Presentaciones de 12, 18 y 25 años de Ron Flor de Caña.

Pero el prestigio de Flor de Caña no se basa únicamente en su sabor. Desde 1890, la sostenibilidad ha sido parte esencial de su filosofía, mucho antes de que se volviera un tema popular. Ya en 1913, la empresa brindaba educación y atención médica a los hijos de sus colaboradores en su propia escuela y hospital, que siguen en funcionamiento.

Hoy, toda la caña de azúcar que utilizan proviene de cultivos que cuentan con el sello Bonsucro, considerado el estándar de oro en producción sostenible a nivel mundial, y con la certificación Fair Trade, que garantiza prácticas justas y responsables tanto para las personas como para el medio ambiente. Además, capturan el CO₂ generado durante la fermentación y lo venden a la industria de bebidas, funcionan con energía 100% renovable, han sembrado más de un millón de árboles desde 2005 y, desde 2020, compensan totalmente su huella de carbono, lo que significa que son una empresa carbono neutral. Es esa coherencia entre tradición y futuro la que ha trascendido en cada botella.

Destilería de Ron Flor de Caña.

Tras sellar millones de botellas, Ron Flor de Caña ha tenido la capacidad de mirar 135 años atrás y encontrar la misma mano que sostiene su legado. Esa constancia ha convertido a la marca en una casa admirable: una destilería que no ha confundido innovación con olvido, y que ha hecho de la sostenibilidad un relato sin grietas.

Brindar con Flor de Caña, entonces, es un acto que trasciende el paladar. Es beber casi un siglo y medio de obstinación familiar, de paciencia climatizada por un volcán activo, de un compromiso con la tierra que es más promesa que discurso. En cada sorbo hay un recordatorio de que la historia —cuando se cuenta bien y se vive mejor— puede ser tan suave como un buen ron, pero también tan intensa como el fuego que duerme bajo el volcán San Cristóbal, un sabor marcado por el terroir —ese conjunto de clima, suelo y geografía que imprime un carácter irrepetible a lo que se cultiva— y que solo la tierra volcánica puede ofrecer.

Con este sello impecable de trayectoria y prestigio, Ron Flor de Caña celebra el Día Internacional del Ron brindando por el futuro, con 135 años de historia a cuestas y el respaldo de una herencia familiar que invita a los amantes del ron en todo el mundo a alzar sus copas. Un futuro que, según la botella, puede sentirse añejo o resplandeciente, pero siempre digno de ser celebrado.