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Bold, Local & Proud: lo que dejó el Fashion Week 2025

El Salvador Fashion Week 2025 consolidó la moda salvadoreña como una expresión cultural audaz, diversa y global, destacando talento, identidad y propósito.
Fotografía: Kevin Escobar

Hablar de moda en El Salvador ya no significa hablar solo de simples tendencias, outfits, makeup looks o pasarelas con after parties, sino de una expresión cultural con propósito. El El Salvador Fashion Week (SVFW) nació como una plataforma para dar visibilidad al talento local y conectar el diseño salvadoreño con los escenarios internacionales. Con la organización de FashionLife LA y el apoyo de empresas como Almacenes Simán, el evento busca demostrar que la creatividad también puede ser motor económico y agente de cambio social.

Este año, el concepto de las pasarelas performativas tomó protagonismo. Desde la apertura hasta el cierre, el público fue testigo de una experiencia más sensorial que tradicional, y mucho más bold de lo que habíamos visto en años anteriores. La presentación de Doll House marcó el inicio y el final del evento, fusionando moda, performance y narrativa escénica en un mismo lenguaje. Cada diseñador —desde MoskemMónica ArguedasILAGeraldine GarcíaCandelaAndrea AyalaSimán y muchos más— presentó su universo con una identidad definida, casi como burbujas inmersivas donde el espectador podía sentir, interpretar y conectar con la esencia detrás de cada pieza. La moda dejó de ser un desfile lineal para transformarse en una narrativa viva, una experiencia donde el storytelling se convierte en el hilo conductor entre la estética y el mensaje.

Se notó cómo cada marca se diferenciaba desde la textura, la tela y el estilo. Hubo propuestas con un enfoque muy handmade, sin perder el street spirit ni esa esencia salvadoreña que las hace únicas. Algunas incluso incorporaron un soundtrack inspirado en los sonidos cotidianos del país: el ruido de los buses, las voces de los mercados, los ecos de la ciudad. Hello??? ICONIC.

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En mi opinión, aunque todas las marcas alcanzaron un nivel increíble, hubo dos que realmente se robaron el spotlightGeraldine García y Candela.
Geraldine presentó una colección simplemente espectacular: ese vestido café con cuello de tortuga fue top tier. Y para las bride-to-be, su propuesta fue un sueño: velos, texturas y siluetas sofisticadas, todo a un nivel digno de una gran pasarela internacional. Proud de que Geraldine García nos represente en el mundo de la moda salvadoreña ante el resto del mundo.

Y ahora, hablemos de Candela.
Si pudiera describirla en tres palabras serían: genias, originales y definitivamente bold. Candela me atrapó cada segundo porque es la primera vez que veo a una marca salvadoreña mezclar nuestros propios estilos con tendencias de alto perfil —esas que usualmente vemos en marcas globales— y hacerlo con tanta autenticidad. Las creadoras de Candela aprovecharon cada segundo para tropicalizar las tendencias y transformarlas en algo fresco, real, nuestro. No tuvieron miedo de combinar cortes, texturas y proporciones. ¿Las low rise skirtsIconic. ¿Los moños en la espalda con crop tops mini? Una mezcla perfecta entre chic y street, elegante pero atrevida.

Candela nos recordó que la moda salvadoreña puede ser global sin perder su raíz, que podemos competir con creatividad, identidad y sin miedo a ser diferentes. Su propuesta fue un despliegue de talento y visión: ese vestido plateado simplemente te dejaba sin aliento. Las faldas estructuradas, los tonos neutros y las prendas en overlay mostraron un dominio absoluto del equilibrio entre tendencia y autenticidad. Cada look fue una declaración de estilo y una inspiración para quienes buscan poner a El Salvador en el mapa de la moda internacional. No me sorprendería ver pronto a Candela en una pasarela fuera del país; tienen el nivel, la estética y el carácter para hacerlo. Good job, girls — you truly deserve it.

Pero no podía terminar este artículo sin dar menciones honoríficas, porque claro, hay nombres que merecen mención aparte. Simán, por ejemplo, demostró una vez más que sabe escuchar a las nuevas generaciones. Su colección fue top tier: llena de maximalismo, overlays y estampados, pero sin caer en el exceso. Chic, moderna y atrevida, justo lo que esta generación busca: ropa que refleje personalidad, sin reglas y con actitud. Simán entendió perfectamente el mensaje —queremos expresarnos, queremos divertirnos con la moda— y lo tradujo en una propuesta fresca, dinámica y auténtica. Literalmente, lo entendieron al 1000 %.

Por otro lado, Andrea Ayala e ILA no se quedaron atrás. Como siempre, dejaron a todos sin aliento. Son pioneras, referentes e íconos de la moda salvadoreña. Cada año logran reinventarse sin perder su sello: feminidad, fuerza y elegancia con visión global. Este año no fue la excepción; ambas confirmaron por qué siguen marcando el ritmo de la industria y por qué sus nombres son sinónimo de consistencia y excelencia creativa.

También fue una grata sorpresa ver caras nuevas sobre la pasarela: modelos jóvenes que desfilaron con una confianza y presencia escénica impecable, demostrando que en El Salvador también hay walks dignos de cualquier runway. Entre luces, aplausos y texturas, la noche cerró con esa energía vibrante de la performance final de Doll House, la que solo deja la moda cuando se hace con pasión. Y, después de un par de sips sips de Aperol, me fui a casa con el corazón lleno y la satisfacción de haber vivido una edición que superó expectativas. Felicito a todas las marcas participantes por elevar, una vez más, el nombre de la moda salvadoreña. Cada una, con su estilo, visión y esencia, aportó algo único a esta edición del Fashion Week.

Si algo nos deja claro este Fashion Week es que El Salvador está lleno de talento: diseñadores, modelos, maquillistas, productores… todos construyendo una industria con voz propia. Por eso, apoyemos más a nuestras marcas nacionales, porque ahí está el verdadero futuro de la moda salvadoreña. Yo, por mi parte, ya tengo en la mira más de una pieza para sumar a mi clóset. Hasta la próxima edición, friends.