La primera vez que conocí LYSN no se sintió como un evento; se sintió como el inicio de algo que estaba buscando forma desde hace tiempo. En un anfiteatro natural escondido entre los acantilados de El Tunco, el océano golpeaba con fuerza debajo del escenario mientras las luces trazaban líneas sobre la roca húmeda. Sobre ese paisaje, la voz de Rachel Croft se extendía como si perteneciera tanto al lugar como al viento.
“Ha sido el viaje más rápido e inesperado de mi vida”, dijo al terminar el show. “Todavía no termino de comprenderlo”. Acostumbrada a escribir desde la introspección londinense y a producir con un dramatismo casi cinematográfico, Croft cantó frente a un público que nunca la había escuchado, en un país que no conocía, pero que —según sus palabras— la recibió “con una calidez sorprendente”.
El contraste era claro: una artista que comenzó en pequeños espacios de Londres presentaba su música en un enclave salvadoreño que parece sacado de otro planeta. Y ese, justamente, era el objetivo: mostrarles a artistas internacionales que en El Salvador existe un escenario creativo real. LYSN cumplió.
La idea detrás del puente
El responsable de este encuentro es Gerardo Grassl, fotógrafo y creativo salvadoreño que vivió cinco años en Londres dentro de la industria musical. Cada vez que hablaba de su país encontraba la misma respuesta: desconocimiento.
“Les mostraba fotos de El Salvador y no podían creerlo”, recuerda. “Entonces entendí que había una oportunidad: si logramos que artistas internacionales vengan, vean y sientan este país, podemos construir un intercambio real”.
Con esa convicción nació LYSN, una nueva plataforma diseñada para conectar a El Salvador con artistas internacionales mediante experiencias musicales y audiovisuales de alto nivel. Es un proyecto que busca posicionar al país como un destino creativo global, no desde la aspiración vacía, sino desde la producción seria y la colaboración auténtica.
Grassl lo resume así:
“Mi misión ha sido mostrar lo mejor de El Salvador. Aquí podés producir cualquier paisaje. El talento está. Solo necesitábamos el puente”.

La primera edición: Rachel Croft en El Salvador
Como parte de esta primera edición, la artista británica Rachel Croft llegó al país para filmar su nuevo videoclip en distintos lugares icónicos y para compartir escenario con músicos salvadoreños. El evento principal fue el sábado 22 a las 4:00 p. m.: un concierto íntimo junto a Carlos Neda, justo al atardecer, uniendo música, cultura y creatividad.
Croft y Neda tienen orígenes distintos, pero con un punto en común: ambos cantaron en la calle antes de entrar a escenarios más formales.
“Tenemos orígenes parecidos”, dijo Croft sobre Neda. “Empezar en la calle te da piel gruesa, flexibilidad, resiliencia. Carlos es increíble. Me hace sentir menos valiente que él”.
Para Neda, LYSN implica responsabilidad:
“Siempre he querido ser embajador de El Salvador. Este proyecto es una forma de hacerlo. Es una nueva manera de presentar música en el país… y estoy orgulloso de ser parte del primero”.
Su consejo para artistas que quieran sumarse:
“Hay que hacer la tarea. Aprender, moverse, buscar audiencias. No dar por hecho el reconocimiento. Nadie te debe el aplauso”.
Cuando el territorio también habla
El escenario del hotel Acantilados no fue un simple espacio: fue un mensaje. Frente al mar, sin artificios, la experiencia adquirió otro peso. Durante su visita, Croft también grabó en Mizata, convivió con músicos locales y, como parte del intercambio cultural, aprendió incluso a hacer pupusas.

Los músicos salvadoreños que tocaron con ella aprendieron sus canciones en cuestión de días. “Fue mágico”, dijo la cantante.
Grassl lo tiene claro: si un artista internacional canta junto a uno salvadoreño en un espacio que podría estar en cualquier portada internacional, la percepción del país cambia. Lo posible se ensancha.
Lo que viene
Grassl no suaviza la realidad:
“Nunca vamos a estar totalmente listos para nada. Pero hoy tenemos talento, visión, recursos y personas clave. Eso permite que cosas como LYSN existan”.
Su objetivo es ambicioso:
“Quiero que los artistas salvadoreños crean que es posible llegar al siguiente nivel. Que entiendan que el mundo no es tan grande como parece. Si uno trabaja, se logra”.
Mientras caía el sol sobre los acantilados y la última nota de Croft flotaba sobre el mar, LYSN dejó de sentirse como un experimento. Se convirtió en una declaración de intención: El Salvador puede ser un hogar creativo para artistas de cualquier parte del mundo, no desde la espectacularidad, sino desde la autenticidad, la colaboración y el oficio.