No fue un espectáculo; fue una declaración. El Súper Bowl LX, esa vitrina colosal donde Estados Unidos se mira a sí mismo, amaneció, por una noche, con acento PR y latino. Bad Bunny no llegó a “representar” a Latinoamérica: la trajo consigo, la sentó en primera fila y la dejó hablar en su propio idioma.
La escena inicial fue un campo de cañales, y unos créditos firmados con una tipografía reconocible en nuestra cultura latina, y los créditos decían un nombre completo escrito sin concesiones: Benito Antonio Martínez Ocasio. No “Bad Bunny”, no el apodo domesticado para exportación artística. Y tampoco “Super Bowl”, sino Súper Tazón, como se dice donde el inglés no manda y el español respira. Ese gesto, mínimo y radical, marcó el tono de la noche.
Desde Tití Me Preguntó hasta el eco inevitable de Gasolina, el repertorio fue una genealogía. Lady Gaga apareció, sí, pero no como contrapunto: cantó Die With a Smile vestida de Caribe y bailando desde el pulso latino. Hubo bodas, niños dormidos en sillas de plástico, puestos de comida callejera, cocos abiertos al machete, ancianos jugando con dominos, puestos de compra y venta de oro. No folclor: vida cotidiana. Latinoamérica sin subtítulos. La famosa casita no hizo falta, con presencia artística claro, Pedro Pascal, Karol G, Cardi B, Young Mirko y Jessica Alba.
Ricky Martin tuvo la enorme tarea de cantar Lo que le pasó a Hawái desde San Francisco, y ahí la ironía fue perfecta. Luego El Apagón encendió la memoria política. También escuchamos Mónaco, Safaera, NuevaYol, EoO, Voy a llevarte pa PR: un mapa emocional que no pidió traducción y nos llenó, en todo este continente y en diversas partes del mundo, de orgullo pleno.
El guiño final fue íntimo parta Benito: la familia mirando televisión, el Grammy emblemático de Bad Bunny que nos hizo grabarnos la frase sencilla que el mismo Benito nos dijo desde este Super Bowl: “nunca dejé de creer en mí”, dicha sin épica y con un tono que busca inspirar.
Finalmente, los nombres de todos los países del continente, pronunciados uno a uno, como quien pasa lista para asegurarse de que nadie quedó fuera, y quizá acá, una o dos lagrimas rodaron en las mejillas de millones de latinoamericanos. Y para cerrar DeBÍ TiRAR MáS FOToS junto a un balón de fútbol americano que decía: “Together we are America”. Un show memorable.
No fue historia por ser “el primero en hacer este intermedio completamente en español”. Fue historia porque, por fin, nos vimos bien vistos. Sí, nosotros y Latinoamérica.