En el tenis crecer no es un gesto inmediato, sino un proceso acumulativo que termina por consolidar identidad. Match Point lo entendió este año al quedarse con el subcampeonato de la séptima edición de la Copa Interclubes Banco Cuscatlán: un torneo que funciona menos como vitrina y más como diagnóstico del estado real del tenis organizado en El Salvador.
Nueve clubes entraron en disputa —Club Campestre Cuscatlán, Círculo Deportivo Internacional, Club Salvadoreño, El Encanto, Match Point, Club Deportivo Santa Ana, Casino de San Miguel, Club Árabe y Club Tecleño— bajo un formato que exige más que talento individual. Siete partidos por serie: dobles femenino, dobles C, singles A y B, dobles A y B, y una categoría adicional que suele inclinar la balanza con sutileza estratégica: dobles mixtos. Seis fines de semana de competencia continua donde lo determinante no es el brillo, sino la profundidad del equipo.
El desenlace fue el siguiente: Club Campestre se coronó campeón tras una final disputada ante Match Point, que sostuvo una campaña sólida, consistente, competitiva. El tercer lugar quedó en manos del Club Salvadoreño, completando un podio que habla tanto de tradición como de estructura.
Pero lo relevante no es el resultado en sí, sino lo que deja entrever. Este ecosistema de tenis está madurando. Se está organizando mejor. Está elevando su nivel competitivo. Y en ese nuevo estándar, Match Point ya no es promesa. Es presente.
