La más reciente propuesta de Neto Zablah —el chef y empresario detrás del exitoso YUZU— no busca replicar una fórmula ni perseguir tendencias pasajeras. Su ambición es más refinada: construir un espacio donde la cocina nikkei encuentre una interpretación contemporánea capaz de dialogar con una generación que entiende la gastronomía como una extensión del diseño, la hospitalidad y el estilo de vida.
El resultado es un restaurante donde cada detalle parece haber sido editado con precisión. La iluminación tenue, la arquitectura de líneas limpias y una atmósfera deliberadamente íntima preparan el escenario para un menú que encuentra equilibrio entre técnica, producto y personalidad.
Storylate tuvo acceso anticipado a algunos de los platos que prometen convertirse en la firma de la casa. La experiencia comienza con entradas ligeras y con la dosis exacta de acidez y otras notas para despertar el paladar sin saturarlo. Cada entrada demuestra que la sencillez, cuando está bien ejecutada, puede ser extraordinaria.
Entre los platos principales sobresalen tres propuestas difíciles de ignorar. Los camarones jumbo, servidos con mantequilla de sambal y una fresca ensaladilla de hierbas, llegan acompañados de una recomendación del chef que vale la pena seguir: disfrutar el intenso sabor de sus cabezas al finalizar. Es un gesto que revela el espíritu del restaurante, donde la experiencia importa tanto como el plato.
El Steak Nitsuke confirma esa misma filosofía. Un lomo de aguja perfectamente cocinado, acompañado de salsa nitsuke, puré de papa, retoños y cebollín, que privilegia la profundidad del sabor sobre cualquier exceso visual. Mientras tanto, el chaufa reivindica uno de los grandes clásicos de la cocina nikkei con arroz frito, huevo, cerdo marinado, vegetales encurtidos y aceite de chile, logrando una versión elegante sin perder su esencia reconfortante.



La carta de sushi merece un capítulo aparte. Más que recomendar una pieza específica, conviene dejarse llevar por las sugerencias del equipo de cocina, que interpreta diariamente el producto disponible con la misma precisión que caracteriza al resto del menú.
Los postres mantienen el nivel. El flan de miso, acompañado de caramelo, maní garapiñado, crema batida y un inesperado aceite de chile de la casa, encuentra un delicado equilibrio entre dulzura, umami y picor. El Date Sticky Pudding, servido con crema batida y toffee, ofrece un cierre cálido y profundamente indulgente para quienes encuentran en el chocolate el final perfecto.

La experiencia continúa más allá de la cocina. Su programa de coctelería confirma que Matsu también fue concebido para las noches largas. Entre las recomendaciones, el Sumire destaca por combinar tequila, miel de agave, jamaica, Ancho Reyes y faba en una mezcla sofisticada que acompaña con naturalidad la propuesta culinaria.

Bajo esta oferta culinaria, Matsu no pretende ser simplemente un restaurante más. Aspira a convertirse en un nuevo referente del lujo contemporáneo: uno donde la cocina nikkei deja de ser una tendencia para consolidarse como una declaración de identidad.