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La IA avanza rápido, y Kodigo decidió enseñar al mismo ritmo

La IA avanza rápido, y Kodigo decidió enseñar al mismo ritmo

Kodigo convirtió la ansiedad por aprender inteligencia artificial en cursos cortos, prácticos y sorprendentemente demandados por nuevos profesionales salvadoreños.

Hubo un momento en que aprender tecnología significaba comprometerse con años de clases, materias y diplomas. La inteligencia artificial parece estar rompiendo también esa regla.

En El Salvador, Kodigo encontró una fórmula particularmente adecuada para una tecnología que cambia antes de que terminemos de entenderla: enseñar rápido. La academia aceleró su crecimiento este año impulsada por la demanda de cursos cortos de inteligencia artificial, una categoría que llevará su matrícula a superar los 1,900 alumnos durante 2026. En diez años, la institución ha graduado a más de 3,600 personas.

Pero lo interesante no es únicamente el número. Es lo que dice sobre nuestra relación con la IA.

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Mientras universidades, empresas y trabajadores intentan descifrar qué empleos sobrevivirán a ChatGPT y sus descendientes, o que estos se adapten al cambio y revolución de la IA, Kodigo decidió tratar la inteligencia artificial menos como una amenaza existencial y más como una nueva alfabetización. Sus bootcamps avanzan desde habilidades básicas para navegar herramientas generativas hasta la construcción de agentes de IA para profesionales.

Fernando Kriete, CEO y fundador de Kodigo, plantea además una idea menos complaciente: saber utilizar IA no equivale a dejar de pensar. Al contrario. En la era actual, donde cualquiera puede generar una respuesta convincente en segundos, el pensamiento crítico se convierte en la habilidad premium.

Ahí está quizá la parte más interesante del experimento Kodigo. La academia no está intentando preparar personas para una tecnología estable, porque esa tecnología sencillamente no existe. Está entrenándolas para aprender, desaprender y volver a aprender.

Y esa podría ser la verdadera carrera tecnológica del momento: no competir contra la máquina, sino aprender suficientemente rápido para seguir haciéndole mejores preguntas.