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Cinco conversaciones que dejó Panamá Fashion Week 2026

¿Qué nos dice Panama Fashion Week 2026 sobre el momento actual de la moda latinoamericana? Cinco conversaciones sobre herencia, craft, sostenibilidad, identidad y nuevas generaciones.
Fotografias: Jose Vargas

Después de varios días viendo colecciones, entrando a backstage y prestando atención a lo que sucedía dentro y fuera de la pasarela, hay algo que me quedó bastante claro de Panamá Fashion Week 2026: muchas de las propuestas más interesantes estaban intentando resolver una misma tensión.

¿Cómo llevar nuestra historia hacia adelante sin dejarla atrapada en el pasado?

Herencia, artesanía, sostenibilidad, identidad latina, industria y nuevas generaciones aparecieron una y otra vez, desde lugares completamente distintos.

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No creo que exista una única respuesta —y probablemente tampoco debería existir—, pero después de ver las colecciones presentadas, encontré cinco conversaciones que vale la pena continuar.

01. La herencia puede ser diseño contemporáneo

Hablar de patrimonio dentro de la moda latinoamericana puede ser complicado. Existe una línea bastante delgada entre utilizar nuestra historia para construir algo nuevo y simplemente reproducir elementos reconocibles porque inmediatamente comunican identidad.

Por eso me interesaron propuestas como las de Chihöo, Originaria, VLCK, Ángel González, Verónica Angel, Breebaart y Moisés Sandoya, que desde aproximaciones diferentes incorporaron su patrimonio, artesanía, identidad o técnicas tradicionales. Lo interesante para mí no está simplemente en identificar quién utiliza algo “típico”. La pregunta es qué hace después con ello.

Cuando un proceso artesanal entra en una colección contemporánea, también entra todo lo que existe detrás de él: conocimiento, tiempo, territorio y generaciones de personas que han mantenido viva una técnica.

Y eso cambia el valor de una prenda.

No solamente porque puede tomar días producirla, sino porque la moda se convierte también en una herramienta para preservar conocimiento, visibilizar el trabajo de los artesanos y acercar esos procesos a generaciones que quizá nunca habían tenido contacto con ellos.

La tradición se vuelve particularmente interesante cuando deja de ser una referencia al pasado y comienza a participar del presente.

02. Craft vs. industria

Otra conversación apareció varias veces durante la semana: lo hecho a mano frente a lo industrial.

Crochet, bordado, patchwork, boro, sashiko, macramé y trabajo con mostacillas convivieron con prendas y códigos mucho más comerciales.

Y ahí apareció algo que me gustó mucho: el craft no necesariamente como decoración, sino como una especie de interferencia.

En Adidas x Pocket, por ejemplo, prendas reconocibles de una marca global fueron intervenidas mediante crochet con materiales multicolor. El resultado transformaba piezas más comerciales en objetos mucho más particulares, introduciendo textura, color y, sobre todo, la huella evidente de un proceso manual.

Algo similar sucedió con San Maló, donde el macramé apareció complementando los conjuntos y construyendo accesorios con una identidad propia.

Ese contraste me parece especialmente relevante ahora. En un momento en el que prácticamente cualquier producto puede reproducirse miles de veces, la imperfección, el tiempo y la mano detrás de una pieza vuelven a convertirse en valor.

03. La sostenibilidad también tiene que cambiar el diseño

La conversación alrededor de sostenibilidad lleva suficiente tiempo dentro de la industria como para que decir que una colección es “sostenible” ya no sea particularmente interesante por sí solo.

La pregunta debería ser otra: ¿qué cambió realmente en la manera de diseñar?

Ahí entran propuestas como Mott.Project, desde el upcycling y la deconstrucción, y Obra Gris, desde una filosofía zero waste.

Mott.Project fue particularmente interesante para mí porque no sentí que la sostenibilidad limitara la creatividad. Al contrario.

La colección tenía algo conceptual, artístico y muy editorial. Capas, texturas y pequeños golpes de color construían personajes mientras la puesta en escena terminaba de completar ese universo. Se sentía como un diseñador permitiéndose experimentar.

Y quizás esa sea una conversación mucho más interesante para la moda: dejar de pensar la sostenibilidad únicamente desde la restricción y comenzar a preguntarnos qué nuevos lenguajes de diseño pueden aparecer precisamente gracias a ella.

04. Empoderando la identidad latinoamericana

Casoná, Mynor Véliz y Toscano trabajan desde lugares completamente diferentes, pero permiten pensar en una identidad latinoamericana que no necesita recurrir constantemente a los códigos más obvios para demostrar de dónde viene.

Casoná construye su universo desde el encuentro entre referencias españolas y latinoamericanas. Toscano trabaja desde una visión más atemporal del diseño colombiano. Y Mynor Véliz toma arte, arquitectura, oficio y cultura contemporánea para construir algo completamente propio.

En Mynor esto me pareció especialmente claro.

Su colección partía de Ciudad de Guatemala, específicamente de la Zona 1, y conseguía conectar ciudad, memoria y procesos artesanales con una propuesta absolutamente contemporánea.

Me interesa mucho cuando esos dos mundos —pasado y presente— dejan de sentirse opuestos.

Porque nuestra identidad no desaparece cuando hacemos diseño contemporáneo. Tampoco necesitamos colocarla literalmente sobre cada prenda para que exista.

Quizá una de las señales más interesantes de madurez dentro de la moda latinoamericana sea precisamente esa: sentirse suficientemente segura de su identidad como para no tener que explicarla todo el tiempo.

05. Una nueva generación está entrando al sistema

Panamá Fashion Week también permitió observar distintas etapas dentro del desarrollo de una industria.

Pocket debutó en la plataforma junto a Adidas; Ángel González llegó después de su paso por Punto.Crea; Esther Rodríguez, ganadora de Punto.Crea 2025, presentó su trabajo; Studio Fiore, nacida en 2026, formó parte del calendario; y Ganexa llevó propuestas estudiantiles a pasarela.

Me parece importante que una semana de moda no funcione únicamente como escaparate para marcas establecidas.

Si realmente queremos hablar de industria, también tenemos que hablar de cómo entran nuevos diseñadores a ella, dónde experimentan, quién les abre espacio y qué sucede después de su primera colección.

Una industria que solamente muestra lo que ya está consolidado puede celebrar su presente. Una que también crea espacio para quienes vienen detrás empieza a construir futuro.

Cuando una colaboración realmente colabora

Hubo otra cosa que me llamó particularmente la atención durante la semana y que atraviesa varias de estas conversaciones: la relación entre diseñadores independientes y marcas comerciales.

Porque poner dos logos juntos es fácil.

Construir algo donde ambos universos realmente se encuentren es otra cosa.

Lo vimos con Mynor Véliz y Timberland, donde el producto no parecía incorporado al final del proceso, sino integrado dentro del lenguaje de la colección.

También ocurrió entre Verónica Angel y BAIC. La colaboración llegó hasta elementos como las placas de los vehículos intervenidas con estampados de la diseñadora, mientras otros códigos vinculados a BAIC aparecieron dentro de la propia colección.

Es un detalle, pero precisamente por eso funciona.

Cuando una colaboración está bien construida, uno puede identificar a ambas partes sin sentir que ninguna tuvo que desaparecer para darle espacio a la otra.

Eso sí es colaboración.

Entonces, ¿qué historia contó Panamá Fashion Week 2026?

Después de procesar todo lo visto, vuelvo a la pregunta con la que empecé a observar esta edición:

¿Cómo está negociando la moda latinoamericana la relación entre herencia, mercado y contemporaneidad?

No creo que Panamá Fashion Week haya dado una sola respuesta.

Y eso es probablemente lo más interesante.

Lo que vi fueron diseñadores utilizando técnicas heredadas para construir prendas contemporáneas; procesos manuales interviniendo productos industriales; sostenibilidad convertida en herramienta creativa; identidades latinoamericanas suficientemente seguras como para no convertirse en disfraz; marcas comerciales entrando en conversaciones reales con diseñadores independientes y una generación nueva buscando su lugar dentro del sistema.

Pero, entre todas esas conversaciones, hubo una que apareció constantemente: la herencia sigue teniendo un papel importante en la moda latinoamericana.

No porque tengamos que diseñar mirando hacia atrás.

Sino porque avanzar tampoco debería significar olvidar.

Preservar una técnica artesanal significa mantener vivo conocimiento que pasó de una generación a otra. Incorporarlo al diseño contemporáneo puede darle un nuevo contexto, generar trabajo, visibilizar a quienes todavía dominan esos procesos y hacer que una generación nueva descubra algo que quizá desconocía de su propia cultura.

La moda puede hacer cosas bonitas.

Pero cuando está bien pensada, también puede hacer algo bastante más importante:

puede decidir qué vale la pena llevar con nosotros hacia el futuro.