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“A través del valle”: Un brutal episodio de The Last of Us

El episodio “A través del valle” no solo es fiel a la narrativa del juego The Last of Us, sino que nos recuerda que en este mundo nadie está a salvo: ni los héroes, ni los recuerdos, ni la redención.
Pedro Pascal como Joel en The Last of Us, temporada 2. | MAX

Hay momentos que cortan la respiración no por su espectacularidad, sino por su crudeza. El segundo episodio de la nueva temporada de The Last of Us, titulado “A través del valle”, no busca agradar: empuña el dolor como arma narrativa y se atreve a asesinar a su propio protagonista con una frialdad quirúrgica. Joel Miller, el improbable sobreviviente de mil catástrofes, cae no por azar ni por traición, sino por una vieja factura que ya estaba escrita en sangre desde el primer juego de esta historia.

Y así, con un palo de golf y la mirada encendida de venganza de Abby, se rompe el corazón de una audiencia que —como Ellie— no estaba lista. La escena es brutal, física, lenta, llena de un horror tan íntimo que deja poco espacio para respirar. No es la primera vez que una serie elimina a un personaje central, pero The Last of Us lo hace de una manera que casi parece personal. Como si la ficción nos recordara que no hay refugio narrativo para quienes niegan las consecuencias.

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Abby no es el monstruo. Y Joel no es el mártir. No del todo.

Porque aquí es donde la serie se sale del molde apocalíptico tradicional y se atreve a algo incómodo: a mirar hacia atrás. A recordarnos que el apocalipsis no borra el pasado, solo lo deforma. La muerte de Joel es la consecuencia de otra escena, una que se quedó grabada en los huesos de los fans del videojuego: cuando él rescata a Ellie, no solo mata a soldados, sino también a la posibilidad de una cura. El padre de Abby —un médico desarmado— fue parte del precio. El episodio no lo dice, pero el subtexto es nítido: Joel eligió el amor por encima de la humanidad. La narrativa ahora reclama la cuenta.

Y sin embargo, el episodio no es solo eso. Entre la nieve, los cuerpos y la furia, hay una secuencia de batalla que pone al pueblo de Jackson al borde del colapso. Hordas de infectados, caos, supervivencia al límite. Es The Last of Us en su versión más cinematográfica, con guiños a Juego de tronos y una dirección visual que sabe dónde poner el ojo: en lo humano, incluso cuando todo se derrumba.

Pero ninguna horda compite con el peso emocional del asesinato de Joel. Lo que sigue es incierto. La serie ya no puede ser la misma. Ellie ya no puede ser la misma. Y nosotros, los espectadores, tampoco. Porque ahora entendemos que en este mundo podrido, nadie está a salvo. Ni siquiera los protagonistas. Ni siquiera quienes nos han salvado una y otra vez.

The Last of Us ha cruzado el valle. Y no hay camino de regreso. Solo queda seguir andando. Con rabia. Con dolor. Con la memoria de Joel latiendo como una herida abierta.