Publicidad
Dark Mode Light Mode

Cihuatán trae a Bar 1802 a Gracia: colaboración épica de ron y coctelería

París aterriza en Gracia: Cihuatán une al mítico Bar 1802 con coctelería audaz, sabores extremos y una noche irrepetible salvadoreña.
Fotografías por Kevin Escobar

Hay bares que funcionan como catedrales. Bar 1802, en París, es uno de ellos: un templo del ron con más de mil referencias y una devoción casi religiosa por el oficio; la Notre Dame del ron para ilustrarlo mejor. Por una noche, ese espíritu cruzó el Atlántico. Ron Cihuatán logró lo improbable: traer a Donovan y Paulo —bartenders de 1802— a Gracia by El Xolo, y hacer que San Salvador se sintiera, por horas, como Saint-Germain-des-Prés.

La carta que presentaron fue una declaración de intenciones. Cuatro tragos, dos rones —Cihuatán Jade y Cihuatán Índigo— y cero concesiones. Tartif Clarif fue el golpe más audaz: Índigo como base y una composición que parecía sacada de una cocina alpina —reblochon del este de Francia, papa, tocino, yema de huevo, red onion, pimienta tellicherry y verjus—. Provocador, desconcertante pero hasta cierto punto brillante. En contraste, Dios Unión Libertad exploró un registro más amable, con pera y Jade como columna vertebral. Pipil y Ploum Ploum completaron una carta que no buscaba agradar, sino unir algo entre París y San Salvador.

Del lado de casa, Jarvin Martínez respondió con una trilogía sólida y con identidad: un Ron Fashioned preciso y por otro lado: La Punta —uno de los favoritos de la noche— con vodka Alma de Cuarzo, apricot liqueur, pineapple y el ylang-ylang que ya es firma de El Xolo, y Café con Pan, pura memoria líquida firmado con estilo guanaco.

Publicidad

La comida sostuvo el pulso: pollo en salsa teriyaki, pipianes curtidos de otro planeta y dos tostadas emblemáticas del chef Alex Herrera, compartidas con Storylate como quien comparte un secreto. Los pipianes curtidos son un secreto de la casa, deambulares entre El Xolo y Gracia, y una recomendación épica.

Música en vivo, copas alzadas, acentos mezclados. París y San Salvador brindando en el mismo vaso. Una colaboración que no se repite: se recordará por un buen rato.