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El Tour de Cine Francés 2025 inicia enseñándonos a amar lento

Una película que recuerda lo hermoso de amar lento, de observar la vida con calma y reencontrarse con lo esencial en cada gesto.
Nueva Era Films

Hay películas que no son esas que te cambian la vida, pero que te recuerdan lo hermosa que puede ser. Los colores del tiempo es una de esas.

Una película sobre el amor, pero no sobre ese amor de los mensajes sin responder ni los finales trágicos, sino sobre el amor que se arma con tiempo, con paciencia, con silencio. El amor que se va descubriendo, que se acomoda, que crece como la luz en un cuadro de Monet: despacio, pero inevitablemente.

Verla es casi un acto de fe. De creer que todavía se puede amar así. Que todavía hay gente que pinta, que observa la vida con calma, que se detiene a mirar cómo cambia la luz a las cuatro de la tarde o esos que aprovechan ver el cielo irse iluminando, estrella con estrella. Que todavía existen los que se enamoran de cómo bailan los árboles con el viento, del reflejo en el agua, de los temblores que deja una mirada furtiva.

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La película empieza con algo tan cotidiano como una herencia. Una familia que no se conoce recibe una casa vieja, y al tratar de entender de quién es, terminan entendiendo de quién son. Y en el medio aparece el arte, aparece el tiempo y aparece la vida.

Yo no quiero contarles mucho, porque quiero que la vean. Pero sí les voy a decir esto: es imposible verla sin querer tomar una foto, sin querer pintar, sin querer abrazar a alguien. Es imposible no salir del cine con ganas de vivir más despacio, pero con más pasión.

Hay algo muy hermoso en cómo Los colores del tiempo nos enseña a amar. A amar no solo a alguien, sino al proceso. A los días que parecen repetirse, a los intentos fallidos, a la vida misma. Porque amar también es armarse. Es encontrarse. Es mirar hacia atrás y entender que uno no llega a ser sin pasar por todo lo que fue.

Por eso me alegra que sea la película que abre el Tour de Cine Francés que la Alianza Francesa y Nueva Era Films traen a Cinépolis del 13 al 26 de noviembre. Porque este tour no solo nos trae películas: nos trae una manera de ver el mundo con otros ojos.

Los colores del tiempo no es perfecta. A veces corre cuando debería quedarse quieta. Pero qué importa. Nos recuerda ese París que nos contaban de pequeños, el París de los cafés, de las bicicletas, del amor que se dice con gestos.

Hay películas que se sienten como una pintura inacabada, y eso también tiene su belleza. Yo salí del cine con ganas de seguir amando. De seguir haciendo arte. De seguir viviendo lento. Porque eso es lo que hace el amor cuando es verdadero: te da ganas de quedarte.

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