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Jonas Herrera presentó su libro: Apateísmo

Jonás Herrera analiza el apateísmo juvenil y cuestiona cómo la fe heredada perdió sentido en hogares cristianos contemporáneos actuales hoy.
Fotografía: cortesía

Jonás Herrera no escribió Apateísmo para ganar un debate teológico ni para ofrecer respuestas rápidas a padres angustiados. Su libro parte de una observación más incómoda: la fe no está siendo rechazada por los hijos de familias cristianas, simplemente está siendo ignorada. No hay confrontación, no hay crisis visible, no hay rebeldía. Hay silencio. Y ese silencio, sugiere Herrera, dice más que cualquier argumento.

El concepto que articula el libro no es nuevo, pero sí poco explorado fuera de círculos académicos: el apateísmo, esa forma de indiferencia radical hacia lo sagrado que no necesita negar a Dios porque ya no lo considera relevante. Para Herrera, este fenómeno define a una generación criada entre rituales heredados y pantallas omnipresentes, donde la fe se transmite como costumbre, pero rara vez como experiencia viva.

Herrera escribe desde un lugar híbrido. Tiene formación en Biblia, Filosofía y Teología, pero también es comunicador y padre. Esa doble condición atraviesa el libro y le da su tono: reflexivo sin solemnidad, crítico sin estridencia. Apateísmono se apoya en consignas ni en nostalgia religiosa. Prefiere el diagnóstico cultural: cómo una fe que alguna vez fue motor simbólico y ético se convirtió en un accesorio identitario, presente pero inerte.

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Uno de los aportes más claros del libro es su cuestionamiento a los modelos tradicionales de transmisión de la fe. No desde el reproche, sino desde la evidencia: repetir fórmulas ya no garantiza sentido. La era digital, plantea Herrera, no solo compite por la atención de los jóvenes, sino que reorganiza su forma de pensar, desear y creer. En ese escenario, muchas propuestas religiosas siguen hablando en un idioma que dejó de ser comprendido.

Lejos de proponer técnicas o recetas, Apateísmo funciona como un espejo incómodo para adultos creyentes. Herrera no le dice al lector qué hacer con sus hijos, sino dónde mirar primero: hacia su propia experiencia espiritual. La pregunta de fondo no es por qué ellos no creen, sino qué tipo de fe estamos modelando.

Casado con Iliana y residente en San Salvador, Herrera combina su trabajo profesional con la docencia y la escritura. Apateísmo es su primer libro, pero no se presenta como una obra inaugural en busca de legitimidad, sino como una intervención puntual en una conversación urgente. No promete avivamientos ni soluciones masivas. Su apuesta es más silenciosa y, quizá por eso, más radical: que el cambio no empiece en discursos públicos ni en campañas, sino en la intimidad del hogar, donde la fe —si ha de sobrevivir— tendrá que volver a significar algo.

La presentación de Apateísmo se realizó en Librería Internacional Libros y Regalos, espacio donde el libro ya se encuentra disponible. El gesto no es menor: llevar esta conversación al ámbito público, pero cotidiano, refuerza la idea de que el debate sobre la fe comienza en lugares accesibles, no en púlpitos distantes.