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José Roberto Rodríguez Duque encabeza la apuesta de CoreNest

CoreNest apuesta por acelerar 300 startups en cinco años, impulsando a El Salvador como un nuevo epicentro de innovación latinoamericana.
Fotografía por: Kevin Escobar

Por años, José Roberto Rodríguez Duque fue una figura clave detrás del auge emprendedor salvadoreño. Desde los escritorios llenos de post-its de Impact Hub San Salvador, vio pasar ideas que se convirtieron en empresas y empresas que empujaban constantemente por levantar capital. Ahora, con CoreNest, Rodríguez Duque quiere escribir la siguiente página de esa historia: la que promete convertir a El Salvador en el Silicon Valley de Latinoamérica, aunque el guión se esté escribiendo en tiempo real.

El proyecto arranca con una inversión de $25 millones de dólares y una ambición de esas que parecen nacidas de una incubadora californiana: acelerar 300 startups en cinco años. CoreNest —una mezcla de fondo de inversión, aceleradora y manifiesto— tiene su base en Dubái, Canadá y Estados Unidos, pero su apuesta más arriesgada está aquí, en un país que hasta hace poco era sinónimo de fuga de talento. “Podemos acelerar muchísimo la cultura y educación alrededor del venture capital”, asegura Rodríguez Duque.

Ingeniero industrial con una maestría en Dirección y Gestión de Proyectos, Rodríguez Duque combina la mente estructurada del especialista aterrizado con el impulso del soñador. Es un hombre que encuentra equilibrio entre la familia, el trabajo y el movimiento: corre, lidera, y sobre todo, crea. “Soy muy familiar”, admite. “Mi mayor motivación es que mis hijos crezcan en un país donde la innovación no sea una excepción sino la norma.”

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Después de casi una década liderando Impact Hub, habla de “acelerar” como quien pronuncia una palabra sagrada. Para él, significa que academia, empresas, gobierno y capital privado finalmente orbitan en la misma dirección. Que la innovación —esa palabra que todos usan pero pocos encarnan— puede volverse hábito.

A diferencia de los discursos gubernamentales sobre “países modelo”, la visión de CoreNest es más quirúrgica: startups pequeñas, capital inteligente, mentoría y un programa de aceleración de tres meses que replica el pulso de Silicon Valley. “El capital siempre ha sido la debilidad para impulsar startups en Centroamérica”, admite.

“Podemos posicionar a El Salvador como un epicentro de innovación escalable”. –José Roberto Rodríguez Duque

Su plan es ambicioso: atraer fundadores extranjeros, conectarlos con talento local y crear empresas que nazcan aquí pero piensen globalmente. En el fondo, lo suyo es también un acto de redención. “Nuestro país puede convertirse en el sandbox de todo Latinoamérica”.

El primer grupo de aceleración está previsto para febrero de 2026. La sede —mil metros cuadrados que huelen a promesa— ya está en negociación. Rodríguez Duque mira más allá del ladrillo y el logo: quiere cambiar la narrativa. Y mientras habla de innovación, fondos y startups, hay algo más profundo latiendo debajo: la convicción de que, tal vez, la próxima revolución tecnológica sí puede empezar en un país diminuto, donde cada validación de un proyecto nuevo suene a esperanza.