Hay noches en las que la ciudad cambia de personalidad.
San Salvador, por ejemplo, normalmente tiene noches de pupusas, tráfico tardío y conversaciones largas que empiezan con “¿y después qué hacemos?”. Pero este sábado ocurre algo distinto. Algo que suena muy elegante y muy francés: la Nuit Blanche.
Si no conocen de esta noche, les contaré dos cosas.
La primera es que “Nuit Blanche” significa noche blanca.
La segunda es que los franceses usan esa expresión para hablar de una noche en la que nadie duerme.
Y, honestamente… tiene sentido.
Porque la Nuit Blanche de San Salvador cumple diez años convirtiendo la ciudad en un gran circuito cultural nocturno, con decenas de espacios, exposiciones, conciertos, danza, instalaciones, gastronomía y momentos extraños donde uno termina hablando de arte con alguien que conoció hace cinco minutos.
Y es importante que el arte nunca duerma, porque hay algo profundamente bonito en salir a caminar por tu propia ciudad y descubrir que está llena de arte.

La emoción cultural (o el momento “oh là là”)
“oh là là” (una expresión francesa que significa algo así como “wow, qué elegante” o “qué maravilla”).
Y la verdad es que aplica bastante bien aquí.
Más de 30 espacios culturales participarán en esta edición, con cerca de 100 actividades en una sola noche, desde las 4:30 de la tarde hasta las 2:00 de la mañana.
Eso significa que uno puede:
ver una exposición,
escuchar jazz,
caminar a otro lugar,
encontrar danza contemporánea,
ver arte digital,
tomar café, una cerveza o un vino,
seguir caminando.
Y, de repente, darse cuenta de que la ciudad está viva de una manera distinta.
Los franceses dirían “c’est magnifique” (eso significa “es magnífico”).
La ciudad como museo abierto
La Nuit Blanche tiene algo especial: no ocurre dentro de un solo edificio.
Ocurre en la ciudad misma.
Calles, museos, cafés, galerías, centros culturales y espacios públicos de San Benito se convierten en un gran recorrido artístico donde todo está conectado por la curiosidad.
De repente, el parque donde uno normalmente pasa rápido se convierte en un escenario.
Una plaza se vuelve sala de conciertos.
Un café se vuelve galería.
Los franceses dirían “flâner” (caminar sin rumbo, simplemente disfrutando de la ciudad).
Algunas cosas que uno puede ver esa noche
Un concierto sinfónico bajo un maquilishuat en Plaza Italia.
Una exposición de realidad aumentada donde criaturas imaginarias aparecen en la ciudad.
Una instalación inspirada en la Cuyancúa, reinterpretada en textiles, caminando por la calle como si fuera un mito que decidió salir a pasear.
Y también una brass band callejera que suena como si Nueva Orleans hubiera decidido visitar San Benito por una noche.
Pero lo hermoso de la Nuit Blanche es que las mejores cosas pasan cuando uno no las planea.
En algún momento de la noche, probablemente cerca de medianoche, espero que nos detengamos un segundo.
Miremos a la gente caminando.
Escuchemos música viniendo de algún lugar.
Veamos a alguien bailar.
Veamos a alguien dibujar.
Veamos a alguien simplemente mirando una obra en silencio.
Y pensemos algo muy simple:
Es bastante increíble que esto esté pasando aquí.
Los franceses dirían “joie de vivre” (la alegría de vivir).
Yo diría que es algo parecido a eso… pero con más calor y, probablemente, alguien vendiendo algo delicioso en la esquina.
Entonces…
Este sábado, San Salvador no duerme.
Porque cuando una ciudad celebra el arte así, dormir parece un pequeño desperdicio.
