El escándalo estalló cuando el expaparazzi italiano Fabrizio Corona reveló que Fedez, rapero y esposo de Ferragni, nunca amó realmente a la influencer. Su corazón, desde 2017, pertenecía a Angelica Montini, una empresaria milanesa con quien sostuvo una relación clandestina durante todo el matrimonio. Esta revelación sacudió los cimientos del mundo digital de Ferragni, exponiendo que la historia de amor perfecta que vendieron a sus seguidores no era más que un elaborado montaje.

La boda de Ferragni y Fedez en 2018 fue un evento de proporciones épicas, transmitido prácticamente en tiempo real a millones de personas. Desde los exclusivos vestidos de Dior hasta la fastuosa ceremonia en Noto, Sicilia, todo parecía indicar que la pareja representaba la cúspide del amor moderno en la era de Instagram. Sin embargo, detrás de la producción perfecta, la realidad era muy diferente. Cinco minutos antes de la boda, en un acto desesperado, Fedez llamó a Montini. “Dime que lo deje todo y lo dejaré”, le suplicó. Pero ella no lo hizo, y él, atrapado en la inercia del espectáculo, pronunció sus votos ante las cámaras.
El silencio de Ferragni tras la separación en febrero de 2023 comenzó a levantar sospechas. Su marca personal dependía de la imagen de familia feliz y exitosa, y reconocer una crisis sentimental era admitir que su imperio digital se tambaleaba. Pero la realidad no podía ocultarse por mucho tiempo. Los rumores se intensificaron cuando estalló el “Pandoro Gate”, un escándalo de fraude en una campaña benéfica que salpicó a Ferragni y puso en duda su credibilidad como empresaria y figura pública. Mientras su imagen de filántropa quedaba en entredicho, su matrimonio también colapsaba en la sombra.
La situación alcanzó su punto más oscuro en diciembre de 2023. Fedez, tras ser abandonado por Montini y sumido en una profunda depresión, intentó quitarse la vida. En un acto de desesperación, terminó confesándole la verdad a Chiara: ella había sido solo parte de una estrategia pública, un matrimonio diseñado para potenciar sus carreras y consolidar su estatus de celebridades.
Ferragni, que había construido su vida en torno a la creencia de que su amor era real, se encontró de repente ante la revelación de que su relación había sido un contrato no escrito, un pacto de mutua conveniencia. Sobre lo anterior, luego publicaría en un comunicado en redes, Ferragni se mostró devastada: “Lo que viví fue una burla total”. Pero el escándalo no terminó ahí. Fabrizio Corona, convertido en el némesis de la influencer, prometió revelar más secretos sobre ella.

Corona, insinuó que Ferragni también tenía sus propios esqueletos en el armario: negocios turbios, relaciones ocultas y una imagen cuidadosamente manipulada para encajar en la narrativa de la perfección. La mujer que había dominado la era digital se encontraba ahora al borde del abismo, enfrentando la posibilidad de que todo su imperio fuera una ilusión.
El mundo de las redes sociales construye mitos con la misma rapidez con la que los destruye. En un universo donde la imagen lo es todo, la verdad, tarde o temprano, siempre encuentra su camino hacia la luz.