Con solo cuatro episodios, la miniserie, creada por Jack Thorne y Stephen Graham, y dirigida por Philip Barantini, no busca atraparnos con el clásico suspenso de un asesinato sin resolver. No hay un misterio de “quién lo hizo” aquí. En cambio, Adolescence nos sumerge en la angustia de un “por qué lo hizo”, con un enfoque profundamente humano que impactará especialmente a quienes son padres.
El protagonista de la historia es interpretado por Owen Cooper, un joven actor que hace su debut en pantalla con una actuación tan impresionante que ya suena como un serio contendiente para el Emmy.
Cooper lleva el peso de la serie con una autenticidad y crudeza emocional que lo convierten en un fenómeno instantáneo. Junto a él, Stephen Graham y Erin Doherty entregan interpretaciones magistrales, con un episodio 3 que se erige como una obra maestra de la televisión contemporánea.
Uno de los aspectos más ambiciosos de Adolescence es su apuesta por el plano secuencial, una decisión estética que refuerza la intensidad y la inmediatez de la historia. La cámara nunca permite un respiro, capturando la desesperación y el caos interno de sus personajes sin filtros ni interrupciones.
Más allá de su impresionante cinematografía, la serie explora temas urgentes en la actualidad: los trastornos emocionales en adolescentes, la presión de las redes sociales y la peligrosa ideología incel. Graham ha revelado que la historia nació tras leer múltiples reportes sobre jóvenes influenciados por esta subcultura y su impacto en la violencia juvenil.
Adolescence no es una serie cómoda ni fácil de digerir, pero es exactamente la conversación que necesitamos tener. Una de las piezas televisivas más impactantes del año y, sin duda, una de las mejores apuestas de Netflix en tiempos recientes.