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Red Bull… ¿todavía hacen bebidas energéticas?

Red Bull dejó de ser solo una bebida energética para convertirse en un símbolo global de adrenalina, desafíos y superación humana.
Fotografías: Red Bull

Hace unos días, Red Bull colaboró para romper un récord deportivo extremo. Sí, otro más. Esta vez, en el mundo del skateboard. Y, a estas alturas, la pregunta ya no es si Red Bull sigue siendo solo una marca de bebidas energéticas, sino más bien:

¿Son una marca de deportes extremos que hace bebidas en sus ratos libres?

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El pasado 25 de septiembre, el brasileño Sandro Dias hizo historia al convertirse en el humano con la caída más alta y la mayor velocidad sobre una rampa temporal, saltando desde una altura de 70 metros y alcanzando una velocidad máxima de 103.8 km/h. Una verdadera locura.

La hazaña fue realizada sobre la fachada del edificio Centro Administrativo Fernando Ferrari (CAFF), en Porto Alegre, Brasil. Pero no es la primera (y parece que tampoco será la última) vez que Red Bull colabora con atletas dispuestos a hacer lo impensable, ya sea por valentía o por locura.

Este mismo año, el chileno Sebastián Álvarez rompió tres récords mundiales simultáneos:

  • Velocidad máxima en vuelo con wingsuit (550 km/h).
  • Distancia recorrida (53.45 km).
  • Tiempo en el aire (11 minutos y 1 segundo).

Y, en lo personal, mi récord favorito: aquel día de 2016 cuando Felix Baumgartner rompió ocho récords mundiales al lanzarse desde la estratósfera. Sí, desde la mismísima estratósfera.

Sin olvidar todos los logros que Red Bull ha conseguido con sus equipos deportivos, como el de Fórmula 1, donde también están construyendo su legado.

Estos son solo una muestra de cómo Red Bull se ha alejado cada vez más de la imagen de “una bebida” para construir, a través de acciones concretas, una visión clara y estrategias de marketing, un universo alrededor de la adrenalina y la superación de límites.

No quedan dudas de que su estrategia de marketing ha sido clave en el posicionamiento que ha conseguido dentro de la cultura popular.

¿Cuándo fue la última vez que vieron un anuncio de Red Bull publicitando explícitamente una bebida?
Exacto. Ni yo lo recuerdo.

Pero créanme que voy a recordar durante mucho tiempo cómo me hizo sentir ver a un hombre saltar desde el espacio. Voy a recordar cómo mi alma salió del cuerpo al ver a un humano descender el Everest en esquís, o al hombre que saltaba rampas con su bicicleta sobre un tren en movimiento.

Y Red Bull ha hecho todo lo posible para que así sea.

Esta estrategia de contenidos agresivos en redes sociales —usando cámaras que nos muestran la perspectiva del deportista, con el logo presente en todos lados durante el video, y donde en algún momento el atleta da un sorbo a la bebida— ha transformado por completo la percepción cultural de la marca.

Ya no es vista como una simple bebida energética.
Red Bull se ha convertido en un símbolo.
Un símbolo de adrenalina, de desafíos, de romper límites.

En definitiva, Red Bull ha logrado algo que pocas marcas consiguen: dejar de ser solo un producto para convertirse en un ícono de lo extremo y la superación. Se han transformado en una celebración de esos seres humanos que se atreven a romper la barrera de lo posible, para recordarnos que los límites, al igual que los récords, están para romperse.