Si estuviéramos en el año 1754, posiblemente estaría corriendo con una linterna, tocando las puertas de todo el pueblo y anunciando lo siguiente: “¡EL CLEAN LOOK HA MUERTO!”. Y sí, aunque quizá sea un poco precipitado hacer una declaración tan fuerte, me atrevería a decir que, después de haber vivido el full glam makeup del 2016, para luego pasar al makeup no-makeup o “clean look” desde 2022 hasta este año, Miss Kylie Jenner ha sacado a relucir su one and only alter ego: King Kylie.
¿King Kylie? What? Sí, King Kylie es —y ha sido— icónica desde 2016. Marcó toda una era, posicionando las cejas bien definidas, la base mate sin blush (solo con bronzer y mucho, mucho highlighter), eyeshadows cargadas, delineadores y glitter everywhere, junto a su icónico cabello negro con puntas azules y su larga colección de pelucas de colores.
Y, como toda buena historia de íconos modernos, todo comenzó con una inseguridad. Año 2014: una Kylie de apenas 17 años empezó a aparecer con labios visiblemente más grandes. Internet, cruel y obsesivo (como siempre), no tardó en convertir su boca en tema de debate global. “¿Se los operó?”, “¿es maquillaje?”, “¿es un truco de delineador?”. Kylie callaba, perfeccionaba su técnica y, sin saberlo, estaba a punto de crear una de las estéticas más replicadas de la década.
En 2015, después de negar durante meses los rumores, confesó que efectivamente usaba fillers labiales. Pero ya no importaba: la tendencia había hecho boom. Millones de adolescentes intentaban recrear su boca con el infame Kylie Lip Challenge (sí, ese del vaso que dejaba moretones y los labios ENORMES), y el delineador marrón con labial nude se convirtió en el nuevo uniforme de belleza y tendencia.
Ahí nació Kylie Lip Kits, su primer lanzamiento bajo la marca Kylie Cosmetics, un 30 de noviembre de 2015. Tres tonos —Candy K, Dolce K y True Brown K— se agotaron en menos de un minuto. Internet colapsó. Las páginas se caían. Los bots revendían los kits a precios absurdos. En cuestión de días, Kylie ya no era solo una celebridad de reality show: era una founder, una girlboss, una marca viviente.
FUN FACT: El apodo “King Kylie” surgió entre 2015 y 2016, en plena explosión de su fama como la menor del clan Kardashian-Jenner. Fue su propio username de Instagram y Snapchat durante esa época: @kingkylie (en Instagram hasta 2019).
Entre 2015 y 2017, Kylie no solo vendía lip kits; vendía una fantasía. Una vida de espejos con flash, crop tops de Fashion Nova, uñas largas como manifiesto y caption posts que decían “realizing stuff”. Su Instagram era la biblia estética del internet: filtros saturados, el icónico cabello negro (o azul, o rosa, o platinado según el día), los mirror selfies con flash y la estética Snapchat queen que definió una generación.
Mientras tanto, los raperos la mencionaban en sus letras y los productores querían que apareciera en sus videoclips. King Kylie era the moment. Estaba con Tyga —sí, el Tyga de los mixtapes dorados de SoundCloud— y esa relación encapsulaba todo lo que representaba su era: lujo, polémica, deseo y exceso. Era una fantasía trap mezclada con mall-girl aesthetics.
Su casa en Calabasas se convirtió en el nuevo “Versalles del internet”, y sus get-ready-with-me eran rituales globales: todos querían el mismo liner, la misma luz dorada, la misma pose frente al espejo. La música de fondo era Travis Scott, Tyga, Drake, mezclada con Rihanna y The Weeknd. Era el peak de los Snap streaks, los filtros de perrito y la obsesión por el contouring.
Pero… ¿qué significa que Kylie Jenner haya traído de vuelta a King Kylie en pleno 2025? Significa que el 2016 volvió, y vino para quedarse. Que Kylie entendió que nada vende más que su propia historia —y que ser too much nunca dejó de ser tendencia, solo estaba esperando a que todos se aburrieran del beige.
Y, como toda era icónica, King Kylie no podía volver en silencio.
En 2025, Kylie Jenner anunció su renacimiento con un video musical, marcando oficialmente su debut como cantante. Una jugada que nadie vio venir, pero que tenía todo el sentido del mundo: si su imagen siempre fue una performance, ¿por qué no convertirla ahora en sonido? Era obvio después de su icónico Rise and Shine. El video, saturado de referencias a su estética de 2016 —los espejos, el flash, los labios, el brillo— no es solo un comeback: es un reclaim.
Kylie no está volviendo a ser la chica que fue. Está dirigiendo la película completa. Y sí: King Kylie didn’t walk — she contour’d, filmed it, and dropped the single.