Hay un beat que retumba desde Manhattan y una pasarela que vuelve a llenarse de alas, lentejuelas y cuerpos que lo dan todo. El Victoria’s Secret Fashion Show está de regreso —otra vez— y esta vez no solo quiere recuperar el glamour perdido, sino también (y sobre todo) convencer al mundo de que ha aprendido algo en el camino.
Será en octubre. Probablemente el 14. En Nueva York, por segundo año consecutivo, como si la ciudad que nunca duerme pudiera darle el empujón que la marca necesita para que el comeback no suene a déjà vu. Y lo cierto es que VS parece lista para ir all in: nuevas musas, viejas leyendas, performances en vivo, producción de alto voltaje. El mood: lencería convertida en experiencia, sensualidad como statement, belleza en todas sus formas (o eso promete el discurso).
Pero aquí es donde la historia se vuelve interesante: porque lo que antes era puro espectáculo —piel, plumas y pop— ahora se escribe bajo el peso de un contexto que no olvida. Recordemos: hace no mucho, Victoria’s Secret pasó de ser sinónimo de fantasía sexy a símbolo de exclusión y desconexión con los tiempos. Su caída fue tan mediática como su auge. Documentales. Testimonios. Una cultura de trabajo tóxica. Un ideal de belleza asfixiante. Una industria (y una audiencia) que cambió de canal.
Entonces, ¿qué significa que las alas estén de vuelta?
Para empezar, no se trata solo de nostalgia. Aunque, seamos honestos, parte del encanto está en ver de nuevo a figuras como Adriana Lima, Candice Swanepoel o Naomi Campbell —si es que confirman— flotar sobre la pasarela con ese dominio que roza lo cinematográfico. Pero el verdadero reto está en la narrativa: cómo equilibrar el legado con el presente, la sensualidad con la sensibilidad, el show con el significado.
Porque sí, puede haber luces, música y bodies de encaje, pero ya no estamos en 2010. Hoy las audiencias —sobre todo las jóvenes— consumen moda con una lupa: buscan representación, discurso, intención. Y aunque Victoria’s Secret ha hecho esfuerzos por mostrarse más inclusiva (recordemos el regreso de Paloma Elsesser o Grace Elizabeth en 2024), la pregunta sigue en el aire: ¿es una evolución real o solo maquillaje nuevo sobre la misma fantasía de siempre?
Por ahora, lo que tenemos son promesas: una app con contenido exclusivo, performances que aún no se revelan pero que podrían traer a una nueva estrella global (¿Charli XCX? ¿SZA? ¿Raye?), y un show que, más que desfile, busca ser evento cultural. Un fashion moment que compita no solo con las otras semanas de la moda, sino con los algoritmos de TikTok.
¿Funcionará? Difícil saberlo. Pero hay algo innegable: Victoria’s Secret sabe montar un show. Y si en algo es experta, es en capturar miradas.