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Emmys 2025: Lo que pasó y lo que importa

La 77.ª edición de los Primetime Emmy Awards dejó más que solo quién ganó qué: demostró hacia dónde va la televisión de prestigio.
Getty Images

La ceremonia, entre lo solemne y lo incómodo, fue mucho más que una noche de trofeos y discursos. Este es un resumen de lo más sobresaliente:

La gran sorpresa de la noche fue The Pitt, un drama médico recién llegado que arrebató el premio a Mejor Serie Dramática a competidoras con más visibilidad, incluida Severance. Noah Wyle, después de siete nominaciones fallidas a lo largo de su carrera, finalmente levantó su primer Emmy como Mejor Actor en Drama. Britt Lower, también de Severance, se llevó el de Mejor Actriz, y Tramell Tillman hizo historia al convertirse en el primer actor negro en ganar como actor de reparto en la categoría dramática.

En comedia, el dominio fue absoluto. The Studio no solo se coronó como Mejor Serie de Comedia, sino que arrasó en casi todas las categorías posibles, acumulando un récord de trece estatuillas en una sola edición. Seth Rogen fue el rostro visible de esa victoria múltiple y, de paso, consolidó a Apple TV+ como un jugador de peso pesado en la batalla de las plataformas. Jean Smart, por su parte, sumó un cuarto Emmy por Hacks, confirmando que sigue siendo una de las reinas indiscutibles del género.

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El terreno de las miniseries tuvo un nombre propio: Adolescence. Con seis premios, incluida la categoría mayor, se convirtió en la demostración de que el formato limitado mantiene frescura y poder de impacto. El jovencísimo Owen Cooper, apenas quince años después de nacer, se llevó un Emmy como actor, recordándole a la industria que las sorpresas aún son posibles en un circuito tan calculado.

Pero más allá de la lista de ganadores, la conversación giró en torno a la propia puesta en escena. Nate Bargatze, en su debut como anfitrión, apostó por un humor seco y por un dispositivo que dividió opiniones: un temporizador que acortaba los discursos y condicionaba la cantidad de dinero que se donaba. El gesto buscaba ser ingenioso, pero muchos lo sintieron como un mecanismo de control que restaba emoción a lo que suele ser el corazón de la gala: los agradecimientos, las lágrimas, los manifiestos políticos.

Hubo discursos memorables. Hannah Einbinder, al recoger su premio por Hacks, transformó la tarima en un espacio de activismo político con mensajes que rápidamente se viralizaron. También se escucharon alusiones a Palestina, a la representación diversa y a la necesidad de mantener a la televisión como un espejo de su tiempo. En contraste, algunos homenajes parecieron quedarse cortos, como si la producción estuviera más preocupada por el reloj que por la memoria colectiva.

Los Emmys 2025 dejaron claro que la televisión ya no compite únicamente por ser vista, sino por ser debatida. Los triunfos de The Studio y Adolescence confirman que la Academia está dispuesta a premiar riesgos narrativos y frescura, no solo la maquinaria de series establecidas. El triunfo histórico de Tramell Tillman abre puertas simbólicas en un género aún marcado por inercias de representación. Y el experimento del temporizador plantea una pregunta incómoda: ¿qué vale más, el espectáculo pulcro o la autenticidad del momento?

En conclusión, la gala de este año fue caótica, brillante y contradictoria, como la televisión misma. La industria sigue negociando su lugar en una era donde el streaming dicta las reglas y donde el prestigio ya no es monopolio de las cadenas tradicionales. Lo que quedó claro es que los Emmys todavía importan, aunque cada vez más por las conversaciones que generan al día siguiente que por la solemnidad del trofeo en la mano.