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Bugonia: tengo una teoría. Yorgos está volviendo a ser Yorgos

Bugonia confirma el regreso del Yorgos más puro: incómodo, poético y absurdamente humano. Un viaje hipnótico entre lo irracional y lo bello.
Focus Features

El 6° Festival de Cortos ESCINE, junto a Romaly Distribución y Cinépolis, celebró una noche exclusiva de gala con la premiere de Bugonia, la nueva obra de Yorgos Lanthimos protagonizada por Emma Stone y Jesse Plemons.

El evento fue una muestra de agradecimiento a todos quienes han apoyado el desarrollo del cine salvadoreño: patrocinadores, ganadores, colaboradores, jurados y amigos del festival, tanto de esta como de anteriores ediciones.

El festival se ha convertido en un punto de encuentro para jóvenes cineastas, soñadores con cámara y quienes creen que contar historias todavía puede cambiar algo. Las inscripciones están abiertas hasta el 28 de noviembre para creadores nacionales y salvadoreños en el exterior.

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Y sí: ver una película de Yorgos te puede hacer dudar de qué es real, pero también te recuerda algo esencial: que el cine sigue siendo ese lugar donde todo es posible, donde lo absurdo tiene sentido y donde una historia —incluso contada con un celular— puede ser el inicio de todo.

Qué bonito es incomodarse viendo cine

Hay algo profundamente incómodo y bello en ver una película de Yorgos Lanthimos. Bugonia me recordó lo que sentí la primera vez que vi Dogtooth (2009): esa incomodidad que se instala suave, como una corriente eléctrica que no sabés si es placer o inquietud. Es una experiencia que te hace retorcerte en la cuerina de la butaca del cine. Lo más curioso es que esa misma noche, después de ver Bugonia, volví a sentirme igual.

Es, sin duda, el Yorgos más Yorgos que hemos tenido últimamente: incómodo, bello, poético, chistoso y hermosamente absurdo. Si nunca han visto una película suya, abróchense los cinturones: lo que viene no es un viaje fácil, pero sí uno hipnótico, que los hará al menos reflexionar. Y si ya lo conocen, tal vez les pase lo que a mí: que por momentos uno no sabe si le encanta o solo le gusta, porque el director ya nos tiene acostumbrados a su rareza.

Emma Stone y Jesse Plemons son una locura. Ella, magnética y ambigua como siempre; él, uno de esos actores que parecen mutar sin esfuerzo. Con cada actuación me recuerda a Philip Seymour Hoffman, lo cual me llena de nostalgia y un poco de tristeza. Es impresionante cómo logra transformarse en cada plano.

Bugonia es, en su superficie, una sátira sobre lo irracional y el absurdo humano, pero también una película sobre el control, la manipulación y las narrativas. Es de esas películas para abrocharse el cinturón, porque su ritmo lento deja que el cerebro vaya armando el rompecabezas en tu cabeza.

Y hasta ahí lo dejaré para quienes aún no la han visto. Porque la segunda parte viene con spoilers, así que si no la han visto, este es el momento de detenerse.

(Con spoilers) El absurdo según Yorgos

Una de las cosas más fascinantes de Yorgos es que no esconde su juego, lo cual es bueno y malo. Desde el primer minuto sabés que lo que estás viendo es absurdo. Pero lo absurdo, en su cine, no es un truco: es una verdad amplificada. Si aparecen alienígenas, no dudés ni un segundo de que son reales.

En Bugonia, seguimos a dos hombres —Teddy y Don— que podrían haber salido de los foros más oscuros de Reddit: conspiracionistas convencidos de que los Andromedans están entre nosotros. Frente a ellos, Emma Stone interpreta a Michelle Fuller, la CEO de una empresa llamada Auxolite, una mujer poderosa que termina siendo su rehén.

La película se mueve entre la comedia negra y la paranoia. Es violenta, irracional, hipnótica. Y, como en casi todas las historias de Yorgos, el guion te da las pistas desde el principio: si ponés atención, sabés que lo que dicen los personajes sí es real dentro de ese universo, aunque parezca ridículo.

El final llega rápido, brutal, inevitable. Y luego viene un epílogo largo, un poco innecesario, pero que quizás también sea parte del sueño o del delirio final de Emma Stone, tendida después de su enfrentamiento con Teddy.

Lo que más me sorprendió, sin embargo, fue lo mucho que Bugonia me hizo pensar en una comedia absurda de 2001: Saving Silverman. Una película tontísima, con Jason Biggs y Jack Black, en la que dos amigos secuestran a la novia de su mejor amigo para “salvarlo” de casarse.

En ambos casos hay hombres convencidos de que están haciendo lo correcto, aunque todo esté mal. En ambos casos hay un sótano, disfraces, manipulación y un intento desesperado por controlar la vida de otros.

Y ahí está el genio de Yorgos: en lograr que una historia que suena a chiste noventero se convierta en una parábola moderna sobre la creencia, el poder y la locura colectiva.

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