Con una inversión de US$45 millones, Condado Quetzal no comienza únicamente la construcción de 913 viviendas. Comienza, sobre todo, una conversación sobre cómo debería diseñarse la próxima generación de comunidades salvadoreñas. En medio de un interim donde la vivienda ya no se mide únicamente por metros cuadrados, sino por la experiencia de habitar, el nuevo desarrollo de Acres Inmobiliaria apuesta por un modelo donde urbanismo, naturaleza y convivencia dejan de ser conceptos aislados para convertirse en un mismo lenguaje.
Ubicado en Quezaltepeque, el proyecto fue concebido como una comunidad integral. Reserva natural, ciclovías, coworking, áreas comerciales, casa club y espacios destinados al encuentro comunitario forman parte de una visión que entiende que una ciudad comienza mucho antes de la puerta de una casa.

La colocación de la primera piedra simboliza también el ingreso de Acres Inmobiliaria al sector residencial. Su propuesta trasciende la construcción de viviendas para enfocarse en la creación de patrimonio y calidad de vida, una visión respaldada por JOB Constructora mediante procesos constructivos orientados a elevar los estándares de eficiencia, planificación e infraestructura.
El impacto trasciende el diseño. Durante su ejecución se proyecta la generación de alrededor de 500 empleos directos e indirectos, mientras que las viviendas, disponibles desde US$45,988 mediante financiamiento del Fondo Social para la Vivienda, amplían el acceso a desarrollos planificados para cientos de familias salvadoreñas.

En un país donde el crecimiento urbano comienza a escribirse bajo nuevas reglas, Condado Quetzal representa una idea cada vez más relevante: que una comunidad no se construye únicamente con concreto, sino con espacios capaces de fomentar pertenencia, bienestar y futuro. Más que levantar casas, el proyecto busca consolidar una forma distinta de vivir, donde la planificación urbana se convierte en una inversión social con impacto duradero para las próximas generaciones.