Después de recorrer las pasarelas, los espacios comerciales y el Pop-Up de Diseñadores de Colombiamoda, llegué a una conclusión: crear ropa bonita ya no es suficiente para construir una marca de moda.
Claro que el diseño, la calidad y la confección importan. Pero, en esta industria, repleta de propuestas visualmente atractivas, lo que realmente hace la diferencia es tener una identidad que podamos reconocer y recordar. Y esto fue precisamente lo que más me interesó de Colombiamoda.


En las pasarelas vimos color, transparencias, texturas, siluetas fluidas y mucho maximalismo. También hubo una fuerte presencia del trabajo artesanal. Sin embargo, más que una tendencia específica, lo que llamó mi atención fue cómo algunas marcas utilizaron estos recursos para contar una historia.
Porque seguir una tendencia puede ayudarte a entrar en la conversación, pero tener una identidad es lo que te permite permanecer en ella.
Uno de los mejores ejemplos fue MAZ, la marca creada por la diseñadora colombiana Manuela Álvarez, encargada de inaugurar Colombiamoda 2026 con Oh My Heart.
Su propuesta une diseño contemporáneo, investigación textil y trabajo artesanal. Pero lo verdaderamente interesante es que la artesanía no aparece únicamente como un detalle estético: forma parte de todo el sistema de la marca.
MAZ trabaja con más de 850 artesanos de Latinoamérica y ha logrado convertir técnicas tradicionales en piezas actuales, arquitectónicas y con posibilidades de competir internacionalmente.
Para mí, ahí está una de las grandes lecciones para cualquier marca que quiera crecer: tu origen no tiene que limitarte; puede ser exactamente lo que te diferencie.


Una marca no necesita borrar su identidad para verse global. Necesita aprender a traducirla.
Lo mismo pude observar en el Pop-Up de Diseñadores, un espacio donde conocimos propuestas emergentes que están construyendo nuevas maneras de entender la moda latinoamericana.
Entre ellas estaba Muar, creada por Mildred Jaramillo, una marca que mezcla tejidos ancestrales con diseño contemporáneo. Su trabajo demuestra que preservar una técnica no significa mantenerla intacta, sino encontrar nuevas formas de acercarla a otras generaciones.
Pero hay algo importante: tener una historia bonita tampoco es suficiente.
Una marca necesita saber presentarla. Desde el producto y el montaje de su espacio hasta la manera de explicar una colección, todo comunica. Si existe coherencia entre lo que una marca dice, lo que vende y la experiencia que ofrece, la propuesta se siente auténtica. Cuando no existe, la narrativa termina pareciendo forzada. Y aquí aparece otra lección importante de Colombiamoda: la moda también es negocio.
Las pasarelas generan visibilidad, pero son las conexiones creadas alrededor de ellas las que pueden transformar esa atención en oportunidades reales. Un encuentro con un comprador, una publicación, una entrevista o una colaboración puede acercar una marca a nuevos mercados.


Por eso, una marca de moda necesita creatividad, pero también estrategia. Debe entender a quién le habla, qué la diferencia, qué lugar desea ocupar y por qué alguien debería elegirla entre tantas opciones.
Lo que más me gustó de esta edición fue encontrar marcas latinoamericanas que ya no están tratando de copiar códigos externos. Están comenzando a confiar en su propia voz y a convertir su origen en una ventaja.
Si me preguntan cuál fue la tendencia más importante de Colombiamoda, no diría que fueron las transparencias, el maximalismo o el trabajo artesanal. Fue ser reconocible.
Porque una tendencia puede llamar la atención durante una temporada, pero una identidad bien construida es lo que puede hacer que una marca trascienda.
No se trata solamente de ser vista. Se trata de tener algo que decir y lograr que las personas lo recuerden.