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Marcelo Arévalo y Pavić alcanzan la final de Monte-Carlo

Marcelo Arévalo alcanza la final de Monte-Carlo y vuelve a colocar a El Salvador en la élite del tenis mundial.

Hay victorias que se celebran; y hay otras que reorganizan el mapa. Lo que acaba de hacer Marcelo Arévalo en el Rolex Monte-Carlo Masters pertenece a la segunda categoría. Junto al croata Mate Pavić, el salvadoreño avanzó a la final tras imponerse con autoridad —6-3, 7-5— sobre el argentino Guido Andreozzi y el francés Manuel Guinard. Pero el marcador es apenas el dato frío. La historia es otra.

Porque nunca antes un salvadoreño había alcanzado una final en Monte-Carlo. Y ese detalle, que podría parecer menor en la lógica global del circuito, adquiere otro peso cuando se pronuncia desde un país que rara vez entra en estas conversaciones. Arévalo no solo está compitiendo: está desplazando los límites.

En dobles —ese territorio donde la sincronía es narrativa— Arévalo y Pavić construyen algo más que puntos: construyen ritmo, lectura y una complicidad que se siente inevitable. No hay estridencia en su juego, sino una precisión medida. Y eso, en una superficie tan exigente como la arcilla, se convierte en una ventaja silenciosa.

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Este 2026 ha supuesto una temporada exigente para ambos en la defensa de sus posiciones en el ranking mundial; sin embargo, en medio de esa presión, irrumpieron en el arranque de la gira de arcilla hasta alcanzar la final de Monte-Carlo, confirmando que su persistencia continua.

Monte-Carlo no es cualquier escenario. Es tradición, élite, historia acumulada. Y ahora, también, es un punto de inflexión para el tenis salvadoreño. La final no es solo un destino; es una afirmación.

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