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The New York Times apunta a Adam Back como Satoshi Nakamoto y él lo niega tras su paso por El Salvador
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The New York Times apunta a Adam Back como Satoshi Nakamoto y él lo niega tras su paso por El Salvador

Una investigación de The New York Times revive el misterio de Satoshi Nakamoto, apuntando hacia Adam Back durante su estadía en El Salvador. Back lo niega pero la duda queda instalada.
Fotografía: CoinShares

Durante 17 años, la identidad de Satoshi Nakamoto ha sido tratada como un enigma casi romántico: el genio anónimo, el arquitecto invisible, el mito perfecto para una tecnología que prometía descentralizar el poder. Pero la reciente investigación de The New York Times cambia el enfoque. No porque resuelva el misterio, sino porque lo redefine.

El reportaje no afirma con certeza que Adam Back sea Satoshi. Lo que hace —y ahí está su verdadero valor— es algo más sofisticado: construir el caso más sólido hasta ahora basado en evidencia acumulativa. No se trata de una prueba única. Se trata de una serie de patrones, hoy documentados.

El primer hallazgo clave es conceptual: Back no solo participó en el ecosistema que dio origen a Bitcoin, sino que anticipó casi todos sus elementos técnicos una década antes. Desde el uso de “proof of work” hasta la idea de un sistema monetario descentralizado sin intermediarios, sus escritos en los años noventa funcionan como un borrador temprano de lo que luego sería Bitcoin.

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El segundo punto es lingüístico, y quizá el más inquietante. El equipo del Times, apoyado por análisis computacional, encontró que el estilo de escritura de Satoshi coincide más con Back que con cualquier otro miembro del movimiento cypherpunk. No sólo en vocabulario técnico, sino en errores, estructuras gramaticales y patrones repetitivos. Pareciera ser, en términos simples, una huella.

Pero incluso ahí, la investigación es honesta: el resultado no es concluyente. La estilometría puede ser manipulada, especialmente por alguien que entiende profundamente la criptografía y el anonimato.

Y aquí aparece el tercer hallazgo: el comportamiento. 

Mientras Satoshi estaba activo entre 2009 y 2011, Back estuvo notablemente ausente de las discusiones públicas sobre Bitcoin. Luego, cuando Satoshi desaparece, Back reaparece con una participación inmediata, profunda y técnicamente avanzada.

A esto se suma una serie de coincidencias más finas: obsesiones compartidas (como el spam), argumentos idénticos sobre el consumo energético, y una alineación ideológica clara dentro del movimiento cypherpunk, donde ambos defendían el dinero como herramienta de autonomía frente al Estado.

El resultado no es una conclusión. Es una concentración. Y frente a todo esto, la respuesta de Back ha sido consistente: negar.

“No soy Satoshi”, le afirmó Back a John Carreyrou en un hotel en San Salvador, El Salvador en el marco de una conferencia. Su argumento es lógico: muchas de estas ideas eran públicas, compartidas dentro de una comunidad activa. Su prominencia, dice, hace que las coincidencias parezcan mayores de lo que realmente son.

Y tiene razón. Hasta cierto punto. Pero lo que el reportaje logra —más allá de si Back es o no Satoshi— es desplazar la conversación hacia un terreno más incómodo: el de la probabilidad narrativa.

Porque si alguien hubiera tenido que construir Bitcoin en ese contexto histórico, con ese nivel de conocimiento, esa ideología y ese dominio técnico, el perfil de Back encaja con una precisión difícil de ignorar. Y sin embargo, sigue sin ser suficiente.

Quizá ese sea el verdadero hallazgo del Times. Que incluso con décadas de archivos, inteligencia artificial y análisis forense, la identidad sigue siendo esquiva porque fue concebida para serlo. En ese sentido, la investigación no destruye el mito. Quizá lo fortalece más. 

Porque ahora sabemos más que antes —mucho más— y aún así, no podemos afirmar nada con certeza. Y eso, en un sistema como Bitcoin, construido sobre la idea de eliminar intermediarios y confiar en matemáticas en lugar de personas, tal vez esa ambigüedad no sea un defecto. Tal vez sea la pieza clave.

Adam Back está en el centro de esa historia. Pero el misterio sigue intacto y las dudas instaladas en la conversación pública.

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